El Silencio es la capacidad de

pensar sin cabeza,

volar sin alas,

caminar sin pies,

observar sin perturbar,

escuchar sin interrumpir,

palpar sin crear incomodidad,

disfrutar de una flor sin robarle su aroma,

pero sobre todo la capacidad de entrar en uno mismo

y ver nuestra realidad...

miércoles, 15 de junio de 2011



El ser humano es un ser por naturaleza necesitado de afecto, desde los primeros días de su formación dentro del vientre materno.
Al venir al mundo, el ser humano se encuentra con un aspecto tan diferente de cuando se protege acunado por los brazos de sus progenitores, a medida que crecemos vamos descubriendo nuestras necesidades afectivas en función al entorno que nos rodea. Existen situaciones en las que esas necesidades son mayores, especialmente cuando los padres o hermanos no han sabido transmitir el afecto natural que debiamos recibir.
Es en estos casos cuando afectivamente vamos un poco más ansiosos o hasta desesperados por alcanzar un tipo de afecto que logre llenar esa deficiencia. Pero es también el terreno propicio para que vayamos a ciegas y sin defensas contra devoradores de afectos o depredadores.
Hay momentos especialmente particulares que nos vuelven muy vulnerables a la depresión, podriamos caer en pesadumbre y nostalgia por los momentos que tuvieron un impacto afectivo. El transmitir y absorber afecto es una necesidad saludable del ser humano, sin embargo algunas personas caminan por la vida sin tener un afecto sincero que les abrigue.
A veces sucede que alguna fatalidad ha arrebatado súbitamente algún cariño, en este caso suele correrse desesperadamente a la búsqueda de alguien a quien querer, una ilusión que llene nuestros días de color y felicidad. Amar es entregar lo más puro de los sentimientos, pero por esa razón, es necesario dedicar nuestro afecto a alguien dispuesto y que nos sepa amar.
Penosamente existen personas que en su afán de sentir esa ilusión, diluyen sus esperanzas en una persona que sólo les ve como algo que puede hacerse a un lado sin miramientos. Cuando en vez de encontrar el amor anhelado sólo se encuentra indiferencia y hastío. Entonces intentando ganarse el amor de esa persona, se suele llegar tan lejos, traspasando los límites de lo coherente y justo.
Cada persona es un universo de necesidades y anhelos que deben ser colmados, pero no por cualquiera. Una persona que nos sepa entender, valorar, apreciar, no es jamás una casualidad sino un bendito encuentro entre dos almas. Encontrar el verdadero amor es a veces algo un poco más complicado. A lo largo de nuestra búsqueda podemos ir cometiendo errores al elegir, lo importante es tratar de dosificar la naturaleza de nuestro afecto. Amar con locura no es malo, siempre y cuando amemos a quien lo merece.
Cuando amamos a quien no lo merece sólo desperdiciamos nuestros esfuerzos en transformar en ríos lo que es desierto. Por eso es importante ir dosificando los afectos hasta encontrar la persona que verdaderamente sepa aquilatar nuestro modo de apreciar y distinguir la vida. Debemos saber corregir la dirección de nuestros afectos antes de que los coloquemos en manos erradas y nos trunquen nuestros sueños.

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